El capibara es un herbívoro pastoreador.
La mayor parte de lo que come son hierbas y plantas acuáticas.
Las siega con sus dientes largos y afilados y completa el menú con pequeños extras según la estación. Si te preguntas qué come el capibara en libertad, la respuesta corta es pasto fresco junto al agua. Además, guarda un truco digestivo sorprendente que le permite exprimir cada bocado al máximo. Todo en su rutina gira alrededor del pasto fresco y del agua que lo hace crecer, desde que sale a pastar hasta que descansa.
De vez en cuando suma corteza y fruta a su menú, y aprovecha los granos y las frutas cuando el entorno los ofrece.
En la práctica, apenas tres a seis especies de plantas aportan el 75 % de lo que come en la naturaleza. Esa selección tan estrecha demuestra lo especializado que es como pastoreador, aunque sus extras le dan margen cuando alguna planta escasea.
Cuánto necesita comer un adulto al día
Un capibara adulto puede comer de 2,7 a 3,6 kilogramos de hierba al día, una ración digna de su fama de gran pastoreador.
Ese apetito tiene lógica si miras su cuerpo: pesa de 35 a 66 kg y mide alrededor de 1,2 metros de largo, con hasta 0,6 metros de altura en la cruz. Las hembras, algo más grandes que los machos, mantienen ese tamaño a base de pastoreo constante. Esa ración mantiene en marcha un cuerpo grande que se mueve sin parar entre el agua y el pastizal.
El menú cambia entre la estación húmeda y la seca

Durante la estación húmeda disfruta de hierbas frescas y plantas de agua en abundancia.
Cuando llega la estación seca y ese forraje tierno se agota, cambia a un menú de reserva hecho de juncos, granos, melones y calabazas:
- juncos
- granos
- melones
- calabazas
Ese cambio de menú demuestra lo flexible que puede ser un pastoreador tan especializado, porque los alimentos de reserva son más fibrosos y escasos. Cuando el hambre aprieta, también asalta huertos y granjas en busca de alimento, lo que a veces lo convierte en un visitante poco querido.
Por qué come sus heces por la mañana
El capibara también es coprófago: come sus propias heces por la mañana para aprovechar mejor lo ingerido.
Con esa costumbre obtiene bacterias beneficiosas que ayudan a su estómago a descomponer la fibra gruesa de sus comidas. Sus heces matinales son ricas en proteína gracias a la gran cantidad de microbios que siguen digiriendo lo comido el día previo.
Como las hierbas resultan tan difíciles de digerir, esa segunda pasada le permite digerirlas dos veces y sacar energía de un pasto pobre. Piensa en ello como un reciclaje interno perfectamente calculado: lo que no se digirió la primera vez vuelve a pasar por el estómago para una segunda oportunidad. El proceso no termina ahí, porque regurgita la comida para masticarla un poco más. Gracias a ese doble aprovechamiento, un pasto que otros animales desecharían se convierte en su combustible diario.
Unos dientes que nunca dejan de crecer

Como otros roedores, sus dientes crecen de forma continua y los desgasta pastando plantas acuáticas, hierbas y otras plantas abundantes.
Sus grandes dientes frontales, de hecho, siguen creciendo durante toda su vida. Cada bocado de hierba dura lima un poco el diente, y el crecimiento continuo compensa ese desgaste para mantener la herramienta siempre afilada.
Mastica moviendo la comida de lado a lado, como un camello, en lugar de hacerlo de arriba abajo como haces tú al comer. Esa técnica resulta ideal para triturar materiales vegetales duros sin destrozar la dentadura. Sin ese crecimiento permanente, una dieta tan abrasiva le dejaría los dientes inservibles en poco tiempo.
Dónde y cuándo sale a pastar
Solo vive donde el agua resulta fácil de alcanzar: sus lugares favoritos son las llanuras inundadas, los bordes de pantanos y los bosques bajos donde el pasto abunda y hay agua todo el año.
Habita gran parte del norte y el centro de Sudamérica, y hasta existe una pequeña población introducida en Florida. Suele moverse en grupos pequeños de unos 10 animales, aunque a veces se juntan hasta 40. Mientras pastan, sus miembros se mantienen atentos a los depredadores sin descanso. Comer acompañado reparte la vigilancia: mientras unos arrancan hierba con calma, otros levantan la cabeza ante cualquier ruido extraño.
Tiende a comer al amanecer y al atardecer, pero si se siente amenazado espera a la protección de la noche para alimentarse. La presencia de depredadores, de hecho, condiciona a qué hora del día se mantiene activo. Ese horario flexible le permite ajustarse a cada humedal y a sus peligros.
El agua como comedero y refugio
El agua le da de comer y a la vez lo esconde: puede permanecer sumergido hasta cinco minutos seguidos para ocultarse de quien lo acecha.
Además se revuelca en aguas poco profundas y en barro para refrescarse en los días de calor antes de salir a pastar al atardecer. Esa vida anfibia, mitad pasto y mitad agua, marca todo su comportamiento alimentario.
Un gigante manso con menú de pastoreador
Su nombre científico es Hydrochoerus hydrochaeris.
En la naturaleza puede vivir hasta 7 años. La UICN lo considera una especie de preocupación menor y su población se mantiene estable. Conocer su dieta ayuda a entender por qué depende tanto de los humedales donde pasta y por qué los defiende con su presencia constante. Su historia es la de un especialista que convirtió la hierba dura de los humedales en su gran oportunidad. Si te quedas con una sola idea, que sea esta: el capibara convierte pastos duros junto al agua en energía gracias a una segunda digestión matinal y unos dientes incansables.