¿Cuántos aguará guazú quedan en el mundo? Cifra por países

Más datos del aguará guazú (7)

Quedan unos 17.000 aguará guazú adultos en todo el mundo, según la evaluación más reciente de la UICN que publica su Grupo de Especialistas en Cánidos. Más del 90 % están en Brasil y el resto se reparte entre Paraguay, Argentina, Bolivia y un rincón de Perú. Ninguna cifra sale de un censo: se generan con modelos de simulación, así que conviene leerlas como un orden de magnitud.

Lo que sí es sólido es la dirección: la especie está clasificada como Casi Amenazada y los especialistas consideran que su situación preocupa, porque las amenazas actúan en todo su rango. El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) es el cánido más grande de Sudamérica, y eso tiene un efecto práctico: necesita mucho terreno, así que cualquier transformación del paisaje le afecta antes que a un animal pequeño.

La cifra global y su reparto por países

La estimación de referencia cuenta solo individuos maduros, de 2 años o más:

  • Brasil: 15.849 individuos maduros, el grueso de la población mundial.
  • Paraguay: 613 individuos maduros.
  • Argentina: 487 individuos maduros.
  • Bolivia: la cifra no superaría los 1.000 animales, según el mismo informe.
  • Perú: en Pampas del Heath, la única población confirmada, quedan menos de 40 individuos, en descenso y probablemente aislados del resto.

Si en lugar de adultos se cuentan crías, juveniles y adultos, el total sube a unos 23.600 animales: una cifra cuenta quién puede reproducirse y la otra a toda la población viva.

Por qué es una estimación y no un censo

Nadie puede recorrer cinco millones de kilómetros cuadrados contando zorros. La UICN lo explica con una cifra demoledora: incluso en áreas protegidas de Brasil la densidad es de apenas 0.01 a 0.05 animales por kilómetro cuadrado, y el máximo del país es de 0.08, en la Serra da Canastra, en Minas Gerais. Un parque grande esconde ahí unos pocos animales.

La razón está en el tamaño del territorio: el rango de hogar de un individuo o de una pareja se mueve entre 20 y 115 km². Cada animal necesita tanto espacio que el muestreo se vuelve carísimo.

Los propios especialistas advierten que las estimaciones publicadas en el pasado pueden considerarse altas hoy, porque las mejores zonas de 2005 se han degradado. También matizan que los registros nuevos, en lugares sin datos desde hace más de 50 años, no prueban recuperación: están dispersos y las poblaciones pueden no ser estables.

Dónde vive y por qué quedan tan pocos

Aguará guazú caminando solo entre pastizales y matorrales abiertos de una amplia llanura sudamericana

El aguará guazú ocupa las praderas y los matorrales bajos de las tierras bajas de Sudamérica central. Su área registrada ronda los 5 millones de km², con cerca del 72 % en Brasil. En Paraguay está repartido de forma amplia pero a baja densidad, en pastizales y bordes de bosque.

Los ambientes que necesita son abiertos: pastizales, matorrales, bosque de dosel abierto como el Cerrado, y campos inundables. En algunas zonas los campos rocosos que acompañan a los pastizales de altura, entre 1.000 y 2.000 metros, son decisivos.

En Argentina el gobierno nacional lo ubica en varias zonas del país:

  • Corrientes, Formosa y Chaco
  • el norte de Santa Fe y de Córdoba
  • el este de Santiago del Estero
  • el sur de Misiones
  • probablemente también el norte de Entre Ríos

Uruguay es el caso límite. Allí no se ha identificado ninguna población local y los avistamientos son esporádicos y no confirmados, después de un último registro firme en 1990.

Un animal raro por diseño

Los análisis genéticos muestran que el aguará guazú no es ni una zorra ni un lobo de verdad, sino una especie aparte y el único miembro de su género, Chrysocyon. Su pelaje es largo y rojizo, con una crina oscura en la nuca y en la cruz que se le levanta cuando el animal se siente amenazado.

Mide cerca de 90 centímetros al hombro y pesa unos 23 kilos. Las patas largas no son un adorno: le permiten ver por encima de los pastizales altos mientras corre y caza. Las orejas, grandes y erectas, giran para localizar presas en la hierba.

La comunicación es sobre todo química: su orina funciona como un cartel de no pasar y otros individuos la detectan a una milla de distancia, descifrando el estado y la intención de quien la dejó. En voz es silencioso: no aúlla ni bayea como un lobo, y usa un ladrido grave al anochecer, un gemido agudo de saludo y un gruñido de amenaza.

Una dieta más vegetal que animal

Parecen cánidos, pero comen como omnívoros. El plato estrella es la lobeira, un fruto parecido al tomate al que también llaman fruto del lobo. Cuánto pesa lo vegetal cambia según el estudio: el Zoológico de San Diego calcula que los análisis de hezas indican algo más de tres cuartas partes de fruta y verdura, y el Zoológico Nacional de Smithsonian cuenta la lobeira con otros frutos y verduras como la mitad de la dieta.

El grupo de especialistas matiza el asunto: en las heces la frecuencia de restos vegetales y animales es parecida, pero la biomasa animal suele ser mayor. Es decir, come mucha fruta a menudo, pero traga bastante más carne cuando encuentra presa.

La técnica de caza es peculiar: en lugar de perseguir, el aguará guazú golpea el suelo con una pata delantera para espantar a la presa y luego se abalanza sobre ella. También cava cuando el objetivo está enterrado y salta al aire por aves e insectos. En campo abierto come ratas, armadillos, aves y otros pequeños vertebrados, más insectos, y suma frutos silvestres a su dieta.

Pareja fija, caza solitaria

Dos aguará guazú separados en un pastizal al anochecer, uno olfateando el suelo y otro vigilando el horizonte

La vida social de este cánido es poco habitual: vive en parejas monógamas que comparten un territorio de unos 26 km², pero cada individuo caza por su cuenta y solo se juntan para reproducirse. El rango de hogar de la pareja puede llegar a las 17 millas cuadradas.

Los críos llegan tras una gestación de unos 65 días, con camadas de 1 a 5 crías y promedio de 2.5. El registro argentino da un intervalo parecido, de 62 a 66 días, y la camada más frecuente es de dos.

La hembra amamanta cuatro semanas y luego les ofrece comida regurgitada. Hay indicios de que el macho también les lleva alimento, en cautividad y en libertad. Al cumplir el año, las crías dejan el territorio de sus padres. Su actividad cambia con el clima: en la estación seca es estrictamente nocturno y en la húmeda varía.

Las amenazas que recortan la población

Los especialistas identifican cuatro presiones, todas nacidas de la actividad humana: la pérdida y alteración del hábitat por conversión a cultivos y pastizales, la persecución ligada a las pérdidas de ganado y a las creencias culturales, los atropellamientos y los patógenos que llegan desde los animales domésticos.

La conversión del hábitat es la fuerza dominante. Un modelo de viabilidad construido con datos de deforestación de Brasil proyecta una reducción de cerca del 20 % en la población total. Si la deforestación llega al 2 % anual, la simulación proyecta un desplome del 56 % de la población brasileña en un siglo. En Brasil, la superficie con alta probabilidad de presencia es apenas el 0.4 % de la distribución registrada.

El atropellamiento no es un caso menor: en el centro de Brasil las muertes en carretera se estiman en entre 4 y 10 individuos al año en algunas regiones, suficiente para vaciar poblaciones pequeñas. En Argentina se contabilizaron 21 ejemplares muertos en la Ruta Nacional 34 entre 2000 y 2005.

Los perros domésticos son el otro vector silencioso: en un estudio argentino, el 26 % de los avistamientos de vecinos implicó contacto directo con perros, y los especialistas los señalan como fuente de enfermedades y parásitos. Añade un componente cultural: en zonas rurales se atribuyen propiedades místicas a sus ojos, piel y cola, usados como amuletos o ungüentos, además de la persecución por robos de gallinas.

Qué se está haciendo y qué cabe esperar

El trabajo se concentra en el lado humano: la vacunación de perros domésticos en las zonas que bordean las poblaciones de aguará guazú lleva años en marcha, y en el sureste de Brasil se han debatido propuestas para reducir los atropellamientos. Legalmente figura en el Apéndice II de la CITES, y en Argentina su captura, caza y comercialización están prohibidas en todo el país.

El dato clave es este: la población mundial ronda los 17.000 adultos y sigue bajo presión, pero los modelos muestran margen de maniobra. Las poblaciones de 50 a 100 animales se mantienen, con baja diversidad genética, mientras que las de 25 o menos tienen alta probabilidad de extinguirse en un siglo. Por eso proteger un núcleo grande y conectado rinde más que repartir el esfuerzo en puntos sueltos. Los especialistas piden reevaluar la especie con regularidad, y cada actualización apunta igual: hay que ganar terreno ahora.

Fuentes