Qué quiere decir aguará guazú en guaraní: el lobo de crín

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Aguará guazú, en lengua guaraní, quiere decir «zorro grande». Ese es el nombre del lobo de crín (Chrysocyon brachyurus), el cánido de mayor tamaño de Sudamérica, y describe bastante bien lo que ves cuando lo observas: un animal con aire de zorro, pero desproporcionadamente grande. El Museo de Zoología de la Universidad Nacional de Córdoba lo registra como «big fox» y lo sitúa como el mayor de los zorros del subcontinente.

Conviene aclarar algo antes de seguir. El parecido con un zorro es de forma, no de familia: los estudios genéticos muestran que no está emparentado ni con los vulpinos ni con los lobos verdaderos, y los análisis electroforéticos no lo vinculan con ninguno de los demás cánidos estudiados. Su género, Chrysocyon, tiene un único representante vivo, él mismo. Por eso los nombres que circulan en español, lobo de crín o potrillo, son tan poco precisos como el original.

El tamaño y la melena que explican el nombre

El cuerpo es largo y angosto, con un pelaje rojizo dorado que se vuelve negro en la parte inferior de las patas. Mide cerca de 90 cm a la altura del hombro y ronda los 23 kg. Un estudio publicado en la revista Oryx lo sitúa además como el cuarto cánido más grande del mundo. Lo que más llama la atención es la crin oscura que le recorre la nuca y la cruz, justo la que da origen al sobrenombre de lobo de crín.

Esa crin funciona como una señal de aviso. La Alianza de Vida Silvestre del Zoológico de San Diego explica que el pelo oscuro de la espalda se levanta cuando el animal se siente amenazado, de modo que la melena le permite agrandar la silueta y disuadir a un rival.

Patas largas y dientes que delatan la dieta

Las patas son excepcionalmente largas y delgadas, y probablemente le permitan ver por encima de los pastos altos, además de facilitarle el movimiento entre la vegetación. Los dientes, en cambio, son los de un animal que no ataca ni consume presas grandes: sus carnasiales superiores están reducidos, los incisivos superiores son débiles y los caninos son largos y delgados. No hay aquí la maquinaria de corte de un gran depredador.

Cazar de noche y vivir casi en solitario

Lobo de crín solitario al crepúsculo, con una pata delantera levantada y las orejas atentas, listo para saltar sobre el pastizal

El lobo de crín es nocturno, con su mayor actividad en el crepúsculo. La unidad social básica es la pareja reproductora, y comparte un territorio fijo de unos 27 km² en promedio, aunque dentro de ese espacio cada uno va por su lado: caza, se desplaza y descansa en solitario, y solo permanece cerca de su pareja durante la temporada reproductiva.

Caza al acecho y se abalanza sobre la presa con un movimiento de zorro. Antes golpea el suelo con una pata delantera para hacer salir a lo que se esconde entre los pastizales, gira las orejas grandes para localizar el ruido y puede saltar al aire para capturar aves e insectos. Es una estrategia de bajo costo, sin necesidad de una persecución prolongada.

Una dieta con más planta que presa

Omnívoro es la etiqueta técnica, pero se queda corta. Su despensa incluye:

  • armadillos, conejos, roedores y otros mamíferos pequeños
  • peces, aves, huevos de ave y reptiles
  • caracoles y otros moluscos terrestres, además de insectos
  • frutos de temporada, raíces y bulbos

Su plato favorito es la lobeira (Solanum lycocarpum), un fruto pequeño semejante al tomate cuyo nombre significa, literalmente, «fruta del lobo». Junto con las demás frutas y verduras representa el 50 % de la dieta, según el Zoológico Nacional de Washington. También consume plátano y guayaba.

La parte incómoda de esa dieta es que depreda aves de corral y, de forma ocasional, corderos o cerdos recién nacidos. A cambio se come las plagas de los cultivos, y por eso los avicultores la persiguen, viéndola como una especie perjudicial.

Gestación, camadas y longevidad

La gestación dura 65 días y el promedio es de 2,5 crías, con un rango de 1 a 5. Las crías se amamantan durante cuatro semanas y a partir de ahí la madre empieza a ofrecerles regurgitado. Alrededor del año de edad dejan el territorio de sus padres. En libertad no se conoce la longevidad del animal; en cautividad la mediana es de 6,5 años, con un máximo de 12 a 15.

Dónde vive: praderas, pantanos y el cerrado

Lobo de crín caminando por la sabana del cerrado, entre pastos secos, arbustos retorcidos y un humedal al fondo

Ocupa pastizales, sabanas, bosques arbustivos secos, zonas pantanosas, bordes de bosque y áreas de ribera. Su distribución arranca en la desembocadura del río Parnaíba, en el noreste de Brasil, y llega hasta las Pampas del Heath en Perú, cruzando el Chaco paraguayo. En Argentina los registros se concentran en varias provincias del norte y del centro oriental:

  • Corrientes, Formosa y Chaco
  • norte de Santa Fe y de Córdoba
  • este de Santiago del Estero y sur de Misiones

El bioma donde más abunda es el cerrado, el más extenso de Sudamérica, formado por bosques húmedos y secos, pastizales, sabanas, pantanos y humedales. El registro histórico lo da por desaparecido de Uruguay desde el siglo XIX, y su otrora área de distribución alcanzaba partes de ese país y del sur de la Argentina.

Un animal sagrado y una leyenda de miedo

Para los pueblos toba y mocoví el lobo de crín es un animal sagrado, con espiritualidad propia. En la mitología toba aparece como un ser protector y como el padre de todos los perros. Entre los criollos, en cambio, el animal quedó fundido con la figura del lobisón, el hombre lobo de las leyendas rurales. Esa ambivalencia explica buena parte de la persecución: donde el animal es un zorro grande se lo caza porque come gallinas, y donde es un demonio se lo elimina por superstición.

Un nombre que hay que proteger

La UICN lo clasifica como Casi Amenazada, mientras que la lista roja de Brasil y el listado estadounidense de especies en peligro lo anotan como En Peligro. Fuera de Brasil se cree que quedan menos de 5.000 individuos, y el análisis de hábitat sugiere que pueden quedar unos 20.000 dentro del país.

Amenazas que pesan sobre la especie

La transformación del ambiente natural es el problema central, y el cerrado ya conserva solo el 20 % de su tamaño original. A eso se suman los atropellos en caminos, la quema anual de los pastizales, la caza, la persecución por el daño al ganado y la transmisión de enfermedades desde los perros domésticos. En muchas zonas, además, se le atribuyen propiedades mágicas a partes de su cuerpo, lo que añade una presión más.

Registros recientes y protección legal

Un dato con doble filo. Entre 2009 y 2021 se reunieron 1.051 registros nuevos del animal en Argentina, y 423 correspondieron a individuos expuestos a peligros, entre ellos 292 atropellados y 53 capturados vivos. El área de ocupación calculada en el país es 61 % mayor que la estimada con los datos de 1988-2008, y la mayoría de los registros nuevos se concentra en el Chaco Seco, el Espinal y las Pampas. Pero esos hallazgos aparecen en ambientes transformados y con más interacción entre personas y animales, así que el aumento del área no significa más seguridad.

En Argentina la especie estuvo catalogada como En Peligro hasta 2019 y desde entonces figura como Vulnerable. A nivel nacional está considerada amenazada, y la ley prohíbe capturar, cazar y comercializar ejemplares en todo el territorio.

La respuesta corta, entonces, es que el nombre aplica un adjetivo de tamaño a un cánido con aspecto de zorro: no promete nada sobre su parentesco, solo describe su porte. Y ese animal necesita mucho más que una frase traducida para seguir existiendo en el campo.

Fuentes