Dónde vive el capibara: países, ríos y humedales

Más datos del capibara (8)

El capibara no vive en cualquier sitio. Es un roedor semiacuático restringido a Sudamérica, y su distribución real es bastante más concreta de lo que sugiere el nombre del animal: ocupa casi todo Brasil, además de Uruguay, Venezuela y Colombia, baja hacia el sur hasta las pampas argentinas y avanza hacia el oeste hasta la cordillera de los Andes. Fuera de ese continente no vive en libertad.

La segunda clave es que el agua decide dónde puede instalarse. Solo aparece en lugares donde el agua resulta fácil de alcanzar, y por eso sus hábitats favoritos son las praderas que se inundan, los bordes de marisma y los bosques de tierras bajas donde el pasto es bueno y hay agua todo el año. Aun así es más flexible de lo que parece: también se lo encuentra en bosque seco, en matorral y en pastizales abiertos.

Tres ingredientes que no pueden faltar en su hábitat

Un estudio de campo realizado en el Pantanal llega a una receta muy clara: el hábitat típico del capibara se compone de tres elementos, el agua, un parche de bosque o arbolado y un campo de pasto para alimentarse. No es casualidad que los tres importen, porque cada uno resuelve un problema distinto.

  • El agua sirve para refrescarse, para esquivar depredadores y también como escenario del cortejo.
  • El bosque da sombra de día y un lugar donde descansar de noche.
  • El pasto es el alimento, porque las plantas herbáceas bajas son el ingrediente principal de su dieta, y por eso pasta en zonas abiertas donde abundan.

Es decir, el capibara no necesita solamente un río: necesita un mosaico de agua, sombra y pasto. Por eso se lo describe como un especialista de tierras bajas, desde llanuras abiertas hasta bosque tropical, siempre pegado al agua.

El mapa: del Orinoco a la pampa

La ficha de distribución de la biblioteca del Zoológico de San Diego resume el área de norte a sur así:

  • el tramo que va desde Venezuela hasta el noreste de Argentina, una zona continua y muy extensa
  • partes de Colombia, las Guayanas y Surinam
  • Paraguay y Uruguay
  • el noreste de Argentina, donde la pampa se vuelve el refugio de los últimos kilómetros de su rango
  • la franja amazónica de Ecuador, Perú y Bolivia

Todo ese bloque se sitúa al este de los Andes. Dentro de él hay tres zonas donde la especie se concentra de forma especialmente marcada: los llanos de Venezuela, los humedales del Pantanal en el oeste de Brasil y las tierras bajas del Taim, en el sur de Brasil.

El Pantanal: un mosaico de agua y pasto

Capibaras pastando en un humedal inundado con charcas, pasto fresco y un bosquete al fondo

El Pantanal merece su propio párrafo porque reúne en un solo lugar varias de las condiciones que el animal necesita. Es el humedal más grande del mundo y se caracteriza por un mosaico de vegetación de tierras altas y de zonas que se inundan de manera estacional. Esa alternancia entre seco y anegado es justo lo que le ofrece pasto nuevo cuando el agua baja.

Los resultados de seguimiento con GPS en el Pantanal son coherentes con esa teoría: en los paisajes naturales la distancia al agua fue la variable que mejor explicó dónde se quedaban los animales, y el bosque quedó en un segundo plano, tanto de día como de noche. En otras palabras, en el campo abierto el capibara optimiza el acceso al agua y al pasto antes que la sombra.

Un animal social con un territorio muy concreto

El capibara es muy social, y esa vida en grupo tiene una consecuencia práctica: define cómo se reparte el espacio. Cada grupo mantiene y defiende un territorio que incluye los lugares donde come y donde se revienta. Un grupo mediano ronda los diez adultos de ambos sexos, aunque el tamaño puede variar entre 3 y 30 individuos, y en época seca se forman agregaciones mucho mayores junto a los puntos de agua.

Un estudio en una hacienda del Pantanal midió grupos de entre 2 y 25 animales, con una superficie usada por cada grupo de entre 33,67 y 196,04 hectáreas. La razón de vivir en grupo es clara: un individuo suelto queda fuera de casi todo el pasto disponible y sin posibilidad de aparearse, así que los capibaras solitarios son raros.

El ritmo del día y el peso de las estaciones

Los capibaras son animales crepusculares, activos sobre todo al amanecer y al atardecer, y pasan las horas de más calor dentro del agua. Su piel es seca, y por eso una charca o un río no es un lujo sino una necesidad para mantener el cuerpo en condiciones. Cuando aprieta el calor se revuelcan en agua somera y barro, y vuelven a salir a pastar cuando la temperatura baja.

La estación seca cambia el paisaje y también la comida. La ventana de pastoreo se abre al final de la tarde y de noche, y la mayor parte del alimento diario se concentra en esas horas. Un adulto llega a comer entre 2,7 y 3,6 kg de hierba al día. Cuando los pastos frescos y las plantas acuáticas se secan, la dieta se vuelve más variada: cañas, granos, melones y calabazas.

El ciclo reproductivo también está pegado al agua. La cría se desarrolla durante todo el año, con un pico de nacimientos en mayo y junio, justo al comienzo de la estación lluviosa, cuando las crecidas abren pastizales nuevos.

Capibara y agua: el límite de los 500 metros

Capibara nadando con el cuerpo sumergido y solo los ojos, orejas y nariz fuera del agua cerca de la orilla

Aunque puede alejarse, casi nunca lo hace. Algunos autores describen a estos roedores como animales que rara vez se alejan más de 500 metros del agua. Su cuerpo está construido para eso: los ojos, las orejas y las fosas nasales están en la parte superior de la cabeza, y las patas son parcialmente palmadas. Todo ello lo adapta a la vida semiacuática y, al esconderse, le permite dejar solo los ojos y el hocico fuera del agua para vigilar el entorno. Si hace falta, puede quedarse completamente sumergido hasta cinco minutos.

Un estudio con collar GPS en el Pantanal y en el estado de São Paulo llegó a lo mismo por otra vía: en los dos tipos de paisaje el capibara se quedaba cerca del agua. La diferencia es que, en paisajes transformados por la actividad humana, el peso de esa variable bajó y el factor que más influyó pasó a ser la cercanía a los pastizales y matorrales. La presencia humana no solo les recorta espacio, también les cambia las preferencias.

Dos especies, dos historias

No hay un solo capibara. El género Hydrochoerus incluye una segunda especie, el capibara menor, que ocupa un territorio mucho más pequeño: el este de Panamá, la costa norte de Colombia y de Venezuela, frente a la enorme distribución del capibara grande, que va desde Venezuela hasta el noreste de Argentina.

También difieren en su evaluación de conservación: la UICN clasifica al capibara grande como Least Concern, es decir, «preocupación menor», mientras que el capibara menor figura como Data deficient, o sea con datos insuficientes.

Un animal con futuro, pero no con blindaje

A pesar de su amplia distribución, el capibara no está libre de problemas. No está clasificado como especie en peligro, pero sí se enfrenta a la deforestación, a la destrucción de su hábitat y a la caza ilegal. Además, en algunos lugares la sobrecaza ya ha reducido su número.

La buena noticia es que la UICN lo incluye en la categoría de preocupación menor gracias a su población numerosa, su enorme distribución y su presencia habitual en áreas protegidas. La mala es que la transformación de los humedales y la expansión agrícola eliminan justo el mosaico de pasto y agua del que dependen. Mientras ese mosaico siga existiendo, el capibara tendrá casa.

Fuentes