Qué habilidades tiene un puma: saltos, sigilo y caza

Más datos del puma (6)

El puma (Puma concolor) tiene un repertorio concreto de habilidades: saltar, girar sobre sí mismo, acechar sin hacer ruido, esperar horas, leer el territorio por el olfato y cerrar la cacería con una mordida. No es un animal de resistencia, sino de sorpresa, y su fisonomía lo dice: las patas traseras son más grandes y musculosas que las delanteras, y de ahí sale su potencia de salto.

La idea que ordena todo lo demás es esta: el puma es un cazador de emboscada. No persigue a sus presas, las sorprende. Su lista de talentos incluye trepar, nadar, recorrer kilómetros cada noche entre los puntos donde abunda la presa y guardar la comida.

El tren hind, motor de los saltos

El tren hind es la clave de casi todo: sus patas de atrás son mayores y más musculosas que las de adelante, y de ahí sale su gran potencia de salto. La columna se curva con facilidad, como la del guepardo, y eso le permite esquivar obstáculos y cambiar de dirección de golpe.

Las cifras de la National Geographic son claras: en un solo impulso se eleva unos 18 pies y se desplaza unos 40 pies en horizontal. La cola, larga y cilíndrica, representa alrededor de un tercio de la longitud total y mantiene el equilibrio en cada giro y aterrizaje. Como referencia, un macho pesa entre 53 y 72 kilos.

El zoológico de San Diego añade dos capacidades visibles: el puma sube a un árbol de un solo brinco desde el suelo y se le ha visto saltar 6,1 metros por una ladera. También nada bien, aunque no parece disfrutar el agua.

El sigilo manda más que la fuerza

La habilidad que decide una cacería es el sigilo. El zoológico de San Diego lo dice sin rodeos: el puma es el felino más escurridizo que existe y caza presas de dos a tres veces su propio tamaño, con un brinco sorpresa que desequilibra a la presa cuando ya está a tiro.

Ese a tiro tiene un límite medido en la investigación: un estudio sobre la selección de hábitat de lobos y pumas en el oeste de Montana sostiene que es muy improbable que consiga una captura si inicia la emboscada a más de 25 metros. De ahí su dependencia de la cobertura: eligen terreno accidentado con escondites como rocas y afloramientos, y en terreno abierto el acecho pierde ventaja.

Cuánto dura un acecho y a qué hora ocurre

La paciencia es la otra mitad del oficio. El Departamento de Pesca y Caza de Washington señala que un puma puede seguir a un animal durante una hora o más antes de lanzarse, y que para eso se apoya en arrancadas cortas de velocidad, no en un esfuerzo prolongado.

El puma es además un cazador solitario y de crepúsculo: el zoológico de San Diego lo describe activo sobre todo al atardecer y al amanecer, y le atribuye una vista especialmente aguda, por la que encuentra a sus presas viéndolas moverse.

Sentidos que trabajan en equipo

Retrato de un puma agazapado entre matorral al atardecer, con la mirada fija y las orejas atentas

El puma se apoya principalmente en la visión, el olfato y el oído: la vista es su herramienta principal, el oído le permite detectar animales que la maleza esconde y el olfato le sirve para leer las señales de otros gatos.

Comunicarse también es una habilidad: cuando dos pumas comparten zona, casi nunca se ven cara a cara y se dejan mensajes con heces, orina, troncos arañados y raspaduras en la tierra o la nieve. Su voz va de los gruñidos y siseos al ronroneo, más un grito corto y agudo y un sonido parecido a un silbido.

Una aclaración: el puma no puede rugir como los leones o los tigres, pero sí ronronea como los gatos pequeños, y por eso los científicos lo clasifican entre ellos.

Territorio: mucho espacio y mucha paciencia

Las hembras recorren áreas de 26 a 350 kilómetros cuadrados, con una media de 140. Los machos, cuyo rango se superpone con el de varias hembras pero no con el de otros machos, se mueven entre 140 y 760 kilómetros cuadrados, con una media de 280.

El tamaño tiene un coste en tiempo: un puma puede tardar una semana en recorrer su rango de hogar entero. En cambio, la distancia no le asusta, porque un macho puede recorrer hasta 15 millas en una sola noche, y la National Geographic recogió el caso de uno que recorrió 1.800 millas buscando un lugar propio.

Y su distribución lo justifica: ocupa el mayor rango de cualquier mamífero terrestre del hemisferio occidental, desde la Columbia Británica septentrional hasta la Argentina, y se adapta a bosques, praderas, desiertos y pantanos.

Una dieta tan flexible como su territorio

El puma es un depredador oportunista con una carta enorme: un metaanálisis publicado en Ecology and Evolution documenta al menos 232 especies de presas distintas. La base es el venado, pero de ahí salta a casi todo, porque la National Geographic cuenta que también come coyotes, alces, carneros de montaña, aves, roedores e incluso burros asilvestrados en Death Valley.

Hay presas mucho mayores de lo que sugiere su talla: el zoológico de San Diego señala que algunos pumas bajan animales tan grandes como un wapití o un alce real, y que hay individuos que se comen puercos espín con todas sus púas, al parecer sin sufrir ningún daño.

Esa plasticidad tiene dos caras: en el sur de Sudamérica es depredador ápice, mientras que en Norteamérica y Centroamérica comparte espacio, tiempo o dieta con lobos, osos pardos y jaguares.

Guardar la presa es otra habilidad

Puma arrastrando un ciervo entre hojas caídas en un bosque para esconder la presa bajo la vegetación

Después de la captura viene la gestión: la ficha de Animal Diversity Web explica que el puma arrastra la presa grande hasta 350 metros del lugar donde la abatió y la entierra bajo hojas y restos vegetales. El zoológico de San Diego describe un método parecido, con tierra o nieve, y la National Geographic recuerda que, si la presa es muy grande, come cuanto puede antes de esconder el resto.

Los números dan la medida del apetito: un puma consume al año entre 860 y 1.300 kg de grandes presas, del orden de 48 ungulados. El Departamento de Pesca y Caza de Washington lo cuenta de otra forma: un macho grande de la cordillera de las Cascadas mata un ciervo o un wapití cada 9 a 12 días, come hasta 20 libras y entierra el resto.

Las crías aprenden el oficio en casa

Las hembras paren entre una y seis crías, con un promedio de tres o cuatro. Nacen ciegas y abren los ojos a los diez días, y la madre las mantiene cerca entre 15 y 26 meses: el aprendizaje de la caza ocurre en casa, y a las seis semanas la familia deja la guarida.

El zoológico de San Diego añade que nacen con manchas, probablemente para pasar inadvertidas entre la hierba, la maleza y la luz moteada, y que se difuminan a los seis meses. A los 18 meses ya se independizan. La longevidad es limitada: un macho vive unos 14 años de media en libertad y una hembra unos 16, y los más longevos llegan a los 18 o 20.

Conservación: común, pero con la tendencia a la baja

En la lista roja de la IUCN el puma figura como Least Concern, es decir, especie de preocupación menor, aunque la National Geographic publica una tendencia poblacional decreciente. Animal Diversity Web recuerda que casi todas las poblaciones están en el apéndice II del CITES mientras que algunas, como la pantera de Florida, están en peligro, y el zoológico de San Diego señala que en California el puma tiene protección especial.

Las amenazas son la pérdida y fragmentación del hábitat, la caza de sus presas y la caza retaliatoria. Ese es el punto débil de un animal tan ampliamente distribuido: carreteras y urbanizaciones aíslan poblaciones que antes se mezclaban.

Si te lo cruzas en la montaña

Encontrarte con un puma es un hecho raro: la National Geographic recoge 74 ataques, 11 de ellos mortales, en diez estados de Estados Unidos entre 1924 y 2018, y el zoológico de San Diego subraya que estos gatos hacen lo posible por evitarnos.

En la práctica, lo mejor es la prevención: no camines solo, haz ruido y no dejes comida fuera de tu refugio. Si te lo cruzas, mantén la distancia y no te acerques, ni aunque lleve crías. Y si no se marcha, sé más grande: alza la voz, agita los brazos y lanza una botella o una mochila. Si te ataca, pelea y no caigas al suelo, porque el Departamento de Pesca y Caza de Washington ha documentado pumas espantados por personas que se resistieron con palos y piedras.

Con todo eso, la imagen del puma sigue siendo la de un animal tranquilo: constitución delgada, comportamiento sereno y temperamento de guepardo. Los dos prefieren huir antes que pelear y rara vez se confrontan a las personas; su verdadero poder no está en la fuerza, sino en la paciencia.

Fuentes