¿El ornitorrinco pone huevos? Así nace este mamífero

Más datos del ornitorrinco (8)

Sí, el ornitorrinco pone huevos aunque después alimenta a sus crías con leche, y esa combinación explica por qué desconcierta a quien lo conoce por primera vez. Forma parte de un conjunto muy reducido de mamíferos que mantiene la reproducción por huevos y a la vez alimenta con leche, por lo que no da a luz crías vivas como hace la gran mayoría del grupo.

Si te preguntas cómo es posible, la respuesta está en su anatomía y en su conducta en libertad. La hembra prepara una madriguera especial, incuba los huevos con su propio cuerpo y luego ofrece leche sin pezón visible, mientras las crías completan su desarrollo a resguardo. Entender ese proceso te ayuda a ver por qué necesita ríos tranquilos y orillas estables.

Por qué un mamífero puede poner huevos

El ornitorrinco, de nombre científico Ornithorhynchus anatinus, forma parte de los monotremas junto con los equidnas. Esa pertenencia explica su mezcla de rasgos reptilianos y mamíferos, con cuerpo peludo que regula la temperatura y a la vez produce huevos y leche.

En vez de contar con orificios distintos, presenta una sola abertura corporal que combina la salida de los huevos con la expulsión de residuos sólidos y líquidos, un rasgo propio de aves y reptiles que en este caso aparece en un animal peludo que produce leche.

Otro rasgo clave es que los huevos se incuban y eclosionan fuera del cuerpo materno, como ocurre con los huevos de las aves. Por eso la madre no retiene al embrión hasta un parto, sino que lo protege desde fuera con calor y vigilancia en la madriguera.

Cómo es la puesta y la incubación entre la cola y el vientre

Ornitorrinco hembra incubando huevos en una madriguera.

Cada temporada reproductiva deja normalmente una camada mínima de entre uno y tres huevos. Ese número bajo permite a la madre concentrar su energía en pocos descendientes, con incubación directa y meses de lactancia en un refugio cerrado.

Los huevos son pequeños, con un diámetro de 13 a 15 mm, y están cubiertos por una cáscara correosa. Esa cubierta flexible los distingue de los huevos rígidos de muchas aves y les permite acomodarse entre el cuerpo materno y la vegetación sin romperse.

Después de la puesta, la hembra los mantiene calientes al sujetarlos contra el abdomen apoyándose en la cola. Esa postura enrollada mantiene el calor y el contacto constante, algo esencial porque las crías nacen diminutas.

En esta especie, ese periodo de incubación fuera del cuerpo se extiende habitualmente entre 6 y 10 días. En ese lapso la madre permanece mucho tiempo en la cámara de cría y sale solo para necesidades breves, de modo que los huevos no se enfrían.

La madriguera que protege los huevos del agua y los depredadores

Para criar, las hembras preñadas buscan una cámara excavada en la orilla de un río para poner sus huevos. Esa cámara funciona como un nido estable donde la hembra pone sus huevos.

La hembra recubre esa cámara con hojas húmedas, ramitas y vegetación que transporta entre sus patas traseras y su cola. Ese colchón vegetal aísla del suelo frío y ayuda a mantener la humedad que necesita la cáscara correosa.

Dentro de la madriguera, mantiene sus huevos entre la grupa y la cola para darles calor y solo la abandona para defecar y mojar su pelaje. Esa fidelidad reduce el riesgo de depredación y evita cambios bruscos de temperatura.

El tamaño ayuda a entender su vulnerabilidad. Cada huevo mide alrededor de 1,7 centímetros de diámetro y es más redondeado que un huevo de ave, con cáscara blanda y flexible. Al ser tan pequeño y blando, necesita estabilidad y protección.

Tras unos 10 días, las crías sin pelo y del tamaño de una judía eclosionan y empiezan a mamar durante los tres o cuatro meses siguientes. Ese nacimiento temprano explica por qué la madriguera sigue siendo vital tras la eclosión.

De huevo correoso a cría que lame la leche

Cría de ornitorrinco lamiendo leche en el abdomen materno.

Lo más sorprendente quizá sea que este animal que pone huevos también produce leche. Las hembras cuentan con glándulas productoras de leche aunque no desarrollan pezones, de modo que la alimentación no se realiza mediante succión directa como en otros mamíferos.

En la práctica, la madre no tiene pezones, sino parches especiales de piel en el abdomen que liberan leche para que sus crías la laman. Ese sistema permite alimentar a crías muy pequeñas sin que tengan que sujetarse, algo útil cuando aún son delicadas.

Vida en ríos y hábitos nocturnos que explican su energía

En estado salvaje solo se encuentra en las zonas con mayor humedad del este australiano y de Tasmania. Allí depende de agua dulce permanente, donde puede excavar túneles y encontrar presas todo el año.

En esa área ocupa cauces fluviales, lagunas y corrientes de agua de menor tamaño. Selecciona sectores de ribera escarpada con raíces expuestas, plantas que cuelgan sobre el agua, juncales y troncos caídos, ya que esos elementos protegen sus túneles y le brindan escondite durante el día.

Es un animal de hábitos discretos, sobre todo nocturno y crepuscular. Esa actividad al anochecer y al amanecer hace difícil estudiar cuántos hay.

Para cazar bajo el agua usa un pico muy sensible. Alrededor de 40000 electrorreceptores le ayudan a hallar la dirección y la distancia de sus presas, incluso con los ojos y los oídos cerrados, al detectar los impulsos eléctricos de los seres vivos.

En arroyos y lagos, su alimentación está compuesta principalmente por pequeños invertebrados que viven en el agua. También come camarones, huevos de peces y peces pequeños, una mezcla rica en proteína para sostener su metabolismo en agua fría.

Tanta actividad tiene un costo alto. Cada día necesita comer alrededor de 20 por ciento de su peso corporal, lo que exige unas 12 horas de búsqueda de alimento. Por eso alterna buceos intensos con largos descansos en madriguera.

Dónde vive en libertad y por qué su futuro preocupa

Su distribución actual incluye el este continental de Australia, Tasmania y la adyacente isla King, con una pequeña población introducida en la isla Canguro, en Australia Meridional. Esa área fragmentada explica por qué los cambios en los ríos pueden aislar a unos grupos de otros.

Su aspecto resume su adaptación al agua dulce. Con cola en forma de paleta, pelaje denso, patas palmeadas y pico ancho, estos mamíferos venenosos que ponen huevos resultan inconfundibles. Cada rasgo cumple una función en natación o detección de presas.

Habitualmente los machos superan en tamaño a las hembras y presentan un par de glándulas venenosas conectadas con espolones situados en las extremidades posteriores. Ese rasgo es distintivo de los machos adultos.

A esa presión se suma la alteración del hábitat. Los recursos y hábitats de agua dulce están siendo afectados por la contaminación y el cambio climático. Cuando el caudal baja o el agua se ensucia, hay menos presas y las madrigueras quedan expuestas.

Por ese conjunto de amenazas, su estado de conservación en la Lista Roja de la UICN es Casi Amenazado. Esa categoría indica que necesita seguimiento, protección de riberas y agua limpia para no avanzar hacia un riesgo mayor.

Si recuerdas una idea central, quédate con esta: pone huevos correosos en una madriguera fluvial, los incuba con su cola y su vientre y luego alimenta a sus crías con leche sin pezones durante meses. Esa estrategia solo funciona si sus ríos siguen vivos.

Fuentes